Nazaria Campos frente a su casaNazaria Campos frente a su casa

“Este es mi mundo, pero ahora quedó en la nada”: la joven que luchó cuerpo a cuerpo contra el fuego para salvar su casa en Cholila

2026/01/29 03:54

VILLA LAGO RIVADAVIA, Chubut.- Aunque hoy es un día algo más calmo, con algo de humedad en el ambiente y menor temperatura, entrar a este valle que forma parte de la localidad chubutense de Cholila es oler tierra arrasada. El aire rural, que suele ser la impronta de este rincón de la comarca andina, está ahora completamente desencajado: cientos de vacas deambulan por doquier y sus dueños intentan conducirlas a espacios donde puedan comer.

Los animales no deberían estar aquí en el valle, sino en las veranadas, los espacios en lo alto de la montaña donde pasan cada verano. Pero esos campos se quemaron por completo en los últimos días, luego de que los dos grandes incendios que se mantienen activos –el que pasó el límite norte del Parque Nacional Los Alerces y el que viene avanzando por el valle del Blanco desde Epuyén– intensificaran su marcha, embravecidos por los fuertes vientos y la enorme sequía predominante.

Los ojos de vacas, caballos y ovejas reflejan terror, el mismo sentimiento que los pobladores de esta zona no consiguen sacarse de encima. Como el humo que todo lo cubre y se mete en los pulmones, el miedo, la angustia y la tristeza inundan a los vecinos desde hace una semana. Ese miércoles infernal quedará para siempre en sus retinas, lo mismo que el domingo pasado, cuando el incendio en los alrededores volvió a recrudecer.

Nazaria Campos tiene 28 años y nació en este valle que es su lugar en el mundo. Vive junto a su madre, su tío, su hermana y su sobrino en un barrio de pocos pobladores al que se accede por un camino polvoriento y empinado, a los pies del cerro La Momia. Nazaria trabaja desde hace nueve años en una hostería que suele recibir pescadores.

Una de las casas arrasadas por el fuego en Villa Lago Rivadavia

“Hace una semana, se suponía que el fuego estaba en la portada norte del parque. No había información clara, no se sabía qué iba a pasar y a las 5 de la tarde, se levantó mucho viento. De golpe y porrazo vimos las llamas. Un vecino subió en cuatriciclo hasta el segundo morro, que está cerca de casa, y vio el fuego. Pasó a avisar y en menos de 15 minutos vimos venir el fuego, venía muy fuerte. Primero en el costado del morro y se empezó a venir hacia abajo”, cuenta en un hilo de voz.

En medio de la desesperación, Nazaria y su familia corrían en todas las direcciones para intentar reunir a sus 46 ovejas. El incendio generaba cientos de llamas que caían por todos lados. “Fue un caos. No teníamos motobomba, no teníamos nada, ni mangueras. Por suerte tenemos varios arroyitos cerca y fuimos mojando el terreno”, dice.

Los vecinos de Villa Lago Rivadavia están en alerta desde hace al menos una semana

El vecino que alertó sobre el avance implacable del fuego fue hasta su casa en el valle y volvió en su camioneta con una motobomba. Así pudieron contener las llamas que amenazaban una de las casitas que hay en el predio. “Fuimos mojando y empezó a llegar gente caminando, porque desde la ruta no dejaban llegar ayuda. Lo único que querían desde el municipio y la Policía, que vinieron hasta acá, era que evacuáramos. Yo no quise salir. No, porque se nos quemaba la casa, no venían los bomberos a cuidar. Era perder todo y después… ¿después, qué hacés?”, se pregunta Nazaria. Sí evacuaron a su madre y a su tío, que son personas con discapacidad.

Al rato, el fuego también cobró mayor actividad del otro lado, como rodeando el terreno: “No sabés lo que era eso. Tremendo, espantoso. Y de pronto empezó a calmar el viento y se empezó a tranquilizar, pero para eso ya eran como las 12 de la noche. Muchas horas sufriendo. Y en la villa todos pensaban que nos quemábamos porque eran impresionantes las llamas que se veían”. Lograron reunir a las ovejas en un corral y mojaron con baldes los alrededores. Se salvaron todas, pero ahora necesitan alimento, lo mismo que los caballos y las gallinas.

“En un momento, cuando me vi rodeada de fuego, pensé que íbamos a tener que salir corriendo. Lo que más impotencia me daba era que no llegaba nadie a ayudar. A los vecinos que querían subir no los dejaban llegar y los bomberos no vinieron. La verdad es que nos abandonaron directamente. Se suponía que el fuego podía pasar para acá: ni siquiera nos prepararon. No sabíamos por dónde venía el fuego, no sabíamos a quién pedir ayuda. Se nos vino y, por suerte, no se nos quemó todo y estamos bien”, afirma Nazaria, mientras mira los bosques de los alrededores quemados, los mismos por los que disfrutaba andar a caballo. Y continúa: “Este es mi mundo. Es un lugar hermoso que quedó en la nada”.

La casa de la vecina de enfrente también se salvó, como la de la familia Valenzuela, que está algo más arriba. La que se quemó es la vivienda de Elvira Díaz, una mujer de 74 años que vivía con su hijo y que fue evacuada: aún no sabe que su casa fue arrasada por el fuego. “A ella la sacaron y le dijeron que los bomberos se iban a quedar. Pero no se quedó nadie. Y la casa se quemó porque no había nadie. Los alrededores están bien, se ve que cayó alguna llama en el techo o algo y se prendió fuego”, lamenta Nazaria.

La puerta de entrada de lo que queda de la casa de Elvira está abierta. Desde lo que era el estar principal, con la chimenea, hay una vista inmejorable a Villa Lago Rivadavia. La angustia se vuelve incontenible al contemplar el paisaje ahumado y, más acá, las chapas chamuscadas. Los perros echados potencian la sensación de pérdida irreparable y abandono.

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