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Descontaminación de suelos y competitividad industrial

Mientras el debate público suele concentrarse en el agua, el aire o el cambio climático, el suelo —base de la producción de alimentos, de la infraestructura y de la actividad industrial— continúa degradándose de manera silenciosa.

La contaminación de suelos cuesta a la industria mexicana millones en retrasos operativos, sanciones regulatorias y pérdida de valor territorial.

De acuerdo con organismos internacionales, a nivel global se estima que alrededor del 33% de los suelos presentan algún grado de degradación, incluso aunque de ellos depende más del 95% de los alimentos que consumimos.

En México el desafío es particularmente relevante. Evidencia reciente advierte que el país ha perdido aproximadamente la mitad de sus ecosistemas originales.

Esta pérdida, además de tener implicaciones ambientales, tiene implicaciones directas en la disponibilidad de recursos, la salud pública y la viabilidad de proyectos productivos.

Suelos contaminados implican mayores exigencias regulatorias, riesgos legales, retrasos operativos y, en muchos casos, la pérdida de valor de terrenos estratégicos para el desarrollo económico.

Ante este escenario, de acuerdo con Veolia, empresa de soluciones medioambientales y experta en descontaminación, la remediación de suelos deja de ser una acción correctiva para convertirse en una decisión estratégica.

No se trata únicamente de limpiar un sitio, sino de gestionar riesgos, recuperar valor territorial y asegurar la continuidad de operaciones presentes y futuras.

El diagnóstico del subsuelo ha cambiado de forma radical gracias al uso de tecnologías como la Geofísica Avanzada, que permiten identificar contaminantes, flujos subterráneos y estructuras enterradas sin recurrir a intervenciones invasivas.

Estas herramientas reducen la incertidumbre técnica, acortan tiempos de análisis y optimizan la inversión necesaria para intervenir un sitio.

Bajo esta lógica, hoy se integran soluciones tecnológicas que combinan drones con fotogrametría, georradar y sistemas de escaneo subterráneo en proyectos de diagnóstico y remediación ambiental.

Casos recientes en sectores como el cementero y el minero muestran con claridad el valor de este enfoque.

Mediante estudios hechos con la tecnología de Geofísica Avanzada de Veolia, fue posible delimitar con precisión zonas afectadas por hidrocarburos y metales pesados, definir muestreos más eficientes y desarrollar planes de remediación ajustados a las condiciones específicas de cada sitio.

El resultado ha sido una reducción en los tiempos de ejecución, menores costos operativos y una mitigación efectiva de riesgos ambientales y legales.

No obstante, la remediación no es un proceso único ni estandarizado. Todo parte de una evaluación técnica rigurosa, que permite definir el tipo de contaminación, su extensión y el nivel de riesgo asociado a cada sitio.

A partir de ese diagnóstico, es posible determinar la estrategia más adecuada para cada caso, ya sea mediante tratamientos in situ, procesos ex situ, el retiro y tratamiento especializado de suelos contaminados o alternativas de menor impacto ambiental, como la fitorremediación, que utiliza especies vegetales para absorber o degradar contaminantes de forma natural.

Este enfoque sólo es viable cuando las empresas se apoyan en aliados estratégicos como Veolia quienes cuentan con la tecnología, la experiencia operativa y el conocimiento técnico necesarios para traducir la información del subsuelo en decisiones efectivas, seguras y alineadas con los objetivos ambientales y productivos de cada proyecto.

Más allá del cumplimiento normativo, la remediación de suelos empieza a consolidarse como una inversión estratégica.

Restaurar un sitio reduce pasivos ambientales, protege la salud de las comunidades, mejora la aceptación social de los proyectos y fortalece la posición de las empresas frente a inversionistas, reguladores y mercados cada vez más atentos al desempeño ambiental.

En un entorno donde la sostenibilidad define el acceso a capital y la permanencia en mercados globales, la pregunta ya no es si remediar, sino cuándo y cómo hacerlo de manera que genere valor.

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