Vuelo sobre El Calafate y Torres del PaineVuelo sobre El Calafate y Torres del Paine

Una experiencia inédita. Sobrevuelo por glaciares, lagos y montañas de la Patagonia

2026/01/31 14:00

Atardece en El Calafate. Estamos en el aeropuerto Comandante Armando Tola. La vegetación esteparia se extiende hasta donde alcanza la vista, sacudida por un viento constante. Los ocho tripulantes del Cessna caminamos por una vía interna del complejo. Una liebre cruza el camino con total indiferencia al rugido lejano de las máquinas. El avión nos espera reluciente: pequeño, azul y blanco, casi delicado a la vista. Los pilotos —Lucas, Juan Manuel y Agustín— aguardan impecables, con el atuendo clásico de la aviación: pantalón negro, camisa blanca, charreteras negras y amarillas.

Río de las VueltasLos Andes desde el aire

El Cessna Grand Caravan EX parece de juguete al lado de los Airbus y los Boeing que traen gente de todo el mundo a este rincón del sur. Pero está lejos de serlo. Este avioncito es cosa seria. De hecho, acá nos enteramos que se utiliza para vuelos en lugares extremos, como Alaska, África, Australia y, por supuesto, la Patagonia. Además, sorprendentemente cómodo. Apenas subimos, nos acomodamos en las butacas y nos colocamos los auriculares con micrófono, como los de un call center. La cabina no está presurizada y el ruido del motor puede resultar intenso, pero el sistema de intercomunicación funciona a la perfección: incluso se puede poner música propia.

Embarcando en el Aeropuerto de El Calafate

Agustín describe el recorrido con calma y se detiene un momento en un punto sensible: la aerofobia. “Esto es muy seguro —dice—. Volamos bajo, con visibilidad permanente, y cada maniobra está explicada”. Lo escucho mientras ajusto el cinturón. El miedo, pienso, rara vez se combate con épica; suele disiparse con información, previsibilidad y confianza. Y acá, todo eso está presente.

Aguas glaciares y estepa patagónica

El avión se alinea de frente a la pista. La visual, a diferencia de cualquier otro vuelo comercial, es absoluta. La lengua de cemento se estira hacia el horizonte y parece cerrarse en un juego de perspectiva. Las marcas de los neumáticos y las líneas blancas se suceden cada vez más rápido. Tras un carreteo inesperadamente breve, la avioneta despega. El viento sacude apenas la aeronave, pero lo que aparece frente a los ojos hace olvidar cualquier temor: el turquesa del Lago Argentino, contrastando con el contorno irregular de la costa y el trazado compacto del pueblo, componen una imagen hipnótica.

Los colores no son caprichosos. Este lago concentra aguas provenientes del Campo de Hielo Patagónico Sur. Es la huella visible de sedimentos milenarios en suspensión, de un sistema geológico todavía activo.

Lucas, Juan Manuel y Agustín, los pilotos

Volamos a unos 1.600 metros de altura, a una velocidad promedio de 300 kilómetros por hora. Sin embargo, el paisaje transcurre lento. Planeamos entre nubes, luces y sombras. Desde el aire, la Patagonia parece ofrecerse como un conjunto legible. Todo lo que desde tierra exige días, esfuerzo y planificación, aquí se ordena en capas: lagos, estepa, bosque, cordillera. Todo eso parece posible, abarcable, casi cercano. La avioneta funciona como una herramienta de lectura. Permite ajustar el rumbo, demorar la mirada, elegir ángulos. El territorio se vuelve comprensible.

Durante el sobrevuelo, es posible ver en detalle los pliegues de las montañas

El primer objetivo de este safari organizado por la agencia Horizon Explorer es aproximarnos a Torres del Paine. El macizo chileno no se deja ver por completo. Las nubes lo envuelven, lo sugieren más de lo que lo muestran. Aun así, su presencia se impone como una frontera. Sabemos que internarse más en la cordillera implicaría turbulencias mayores, pero el vuelo se mantiene sereno mientras el sol empieza a descender con lentitud.

El interior del CessnaEn vuelo por los cielos patagónicos

Las montañas van revelando sus pliegues. El vuelo permite una observación casi cartográfica de los Andes patagónicos, ese territorio de transición donde el bosque y la estepa se disputan el terreno, donde ningún paisaje se impone del todo. En ese entramado aparece el glaciar Perito Moreno, con su frente ancho y compacto avanzando sobre el brazo Rico del Lago Argentino. Con una superficie cercana a los 250 kilómetros cuadrados, es uno de los pocos glaciares del mundo que hasta hace poco se mantenía al margen de los retrocesos generalizados, pero que ahora comenzó su declive. Desde el aire, su profundidad hacia el Campo de Hielo Patagónico Sur deja en evidencia su conexión intrínseca con un sistema mayor, una reserva de agua dulce que sigue modelando el paisaje.

Lago Viedma

El rumbo vira hacia el este. Vamos ahora al glaciar Viedma y a su lago homónimo. El sol, bajo y oblicuo, acentúa los relieves y dibuja sombras largas sobre las montañas. El glaciar Viedma es el más grande del Parque Nacional Los Glaciares: cerca de 1.000 kilómetros cuadrados de hielo que descienden desde el campo de hielo hacia un lago de dimensiones similares. El color lechoso del Lago Viedma contrasta con los tonos ocres de la estepa. Me quedo mirando esa frontera cromática y pienso en el tiempo: miles de años de acumulación, de avance y retroceso, condensados en una imagen que dura apenas unos minutos.

Territorios inaccesibles que se ven desde el aire

Valles y quebradas se suceden sin pausa. La geografía no escatima recursos. La Patagonia, vista desde el aire, es tan deslumbrante como recorrida a pie.

Durante el vuelo es posible conectarse a internet

La última imagen es el esperado Fitz Roy. Lucas avisa cuando empieza a asomar en el límite de su campo visual. Está parcialmente cubierto por nubes. Este cerro, de 3.405 metros de altura, convoca a montañistas y peregrinos de todo el mundo. Desde el aire parece perfecto: el perfil recortado, las agujas de granito, los glaciares colgantes, los bosques en la base. La aproximación es medida: se trata de un área protegida, al igual que los glaciares, donde los sobrevuelos deben mantenerse a distancia prudente. Aun así, alcanza para llevarse una imagen imborrable (una foto mental que, sospecho, ningún celular logra capturar del todo).

La costa del Lago Argentino

Juan Manuel anuncia el regreso. Tras poco más de una hora de vuelo, emprendemos la vuelta hacia El Calafate. El trayecto entre El Chaltén y el aeropuerto se resuelve en apenas media hora; por tierra, demandaría más de tres horas. El sol termina de caer y la pista vuelve a aparecer entre sombras. El Cessna aterriza con suavidad. La experiencia llega a su fin.

Los contrastes del agua con la costa

Ya en la pista, mientras rodamos hacia la plataforma y procesamos esta experiencia, el nombre del aeropuerto aparece otra vez en los carteles. Armando Tola. Pionero de la aviación argentina, santacruceño, protagonista de vuelos de exploración y logística en la Patagonia austral. Voló para Aerolíneas Argentinas, KLM y LADE, cuando estos cielos todavía eran casi vírgenes.

Pienso que, en este lugar, volar nunca fue solo una forma de llegar. Siempre fue, también, una manera de entender el territorio.

Fin del vuelo

Datos Útiles

T: +54 9 2966 273023

IG: @horizonexplorertravel

Web: hznexplorer.travel

El safari fotográfico de Horizon Explorer Travel tour se diseña a medida. Se puede iniciar desde el Aeropuerto de El Calafate o desde el aeroclub de El Chaltén y tiene una duración de una y media.

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