Era un terreno con historia propia: un plátano imponente y una tipa de copa generosa estaban ahí antes que todo, y fueron los que definieron cómo debía existir la casa. “Cada ventana, cada expansión, cada recorrido se diseñó para respetar sus sombras y enmarcar sus ramas”, cuenta Chiara Rossi, dueña de casa, diseñadora industrial y, también, pastelera conocida en redes como @chiara.cocina.
La obra fue, literalmente, un proyecto familiar. Su padre y su hermano, ambos arquitectos, llevaron la parte técnica; su hermana se ocupó del paisaje; su madre, jardinera, aportó los plantines; y Chiara sumó su mirada funcional y estética. Sin constructora, Chiara se metió a fondo en el proceso, algo que le dejó un enorme aprendizaje.
“Tomi y yo somos jóvenes y no tenemos hijos”, dice Chiara hablando del modo en que viven su casa, pensada para disfrutar con amigos en fines de semana de pileta, asados de doble jornada, instrumentos musicales a mano y el cuarto de huéspedes siempre a disposición. “En el aspecto más nuestro, queríamos un espacio para cocinar juntos a nuestras anchas y bien cerquita de la huerta”.
“Hacer coincidir los revestimientos interiores con el de los muebles de la cocina, de madera enchapada en petiribí laqueado, tuvo su vértigo: fue obra de dos carpinteros distintos que se encontrarían en la cocina, pero salió todo bien”, agregó.
El diseño original contemplaba alacenas, pero −como el presupuesto se disparó− recalcularon con un estante para dejar las cosas a la vista.
“Con el tamaño que tiene la cocina, ya era suficiente lugar de guardado. Además, ya habíamos mandado a hacer la ventana a medida”, sumó.


