Bulgaria adoptó el jueves el euro y se convirtió así en el país número 21 en adoptar la moneda única europea, integración que algunos temen alimente la inflación y acentúe la inestabilidad política.
A medianoche, el pequeño Estado balcánico de 6.4 millones de habitantes se despidió de 2025 y de su moneda, la leva, en circulación desde finales del siglo XIX.
Miles de personas desafiaron las temperaturas bajo cero para asistir al tradicional concierto de Nochevieja, organizado por el Ayuntamiento de Sofía frente al antiguo Palacio Real.
En la fachada de la sede del Banco Nacional de Bulgaria, situada en la misma plaza, se proyectaron monedas de euro búlgaras sobre el edificio tras la llegada del 2026.
"La introducción del euro es el último paso para la integración de Bulgaria en la Unión Europea", declaró el presidente Rumen Radev en su discurso televisado unos minutos antes de medianoche, lamentando sin embargo que los búlgaros no hubieran sido consultados mediante referéndum sobre esta decisión que ha dividido al país.
La mayoría de los puestos del "Mercado de las mujeres", el más grande y antiguo de la capital, Sofía, ya mostraban antes del cambio los precios en leva y en euros.
"Todo Europa se las arregla con el euro. Nosotros también saldremos adelante", comentó Vlad, jubilado de 66 años que vino a comprar bengalas y fruta para la cena de Año Nuevo.
"Lo importante es que Bulgaria siga en Europa y se aleje de Moscú", añadió.
Muchos búlgaros temen que la introducción del euro conduzca a una espiral inflacionaria. Los productos alimentarios ya se encarecieron 5% interanual en noviembre, según el Instituto Nacional de Estadística.
Los dirigentes búlgaros intentan tranquilizar y prometen que la entrada a la eurozona permitirá dinamizar la economía del país, uno de los más pobres de la Unión Europea, a la que se unió en 2007, y lo protegerá de la influencia rusa.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que "el euro aportará beneficios concretos a los ciudadanos y a las empresas búlgaras".
"Facilitará los viajes y la vida en el extranjero, reforzará la transparencia y la competitividad de los mercados y facilitará los intercambios", añadió en un comunicado.
Paralelamente, Bulgaria se enfrenta a importantes desafíos tras las manifestaciones anticorrupción que recientemente derribaron al gobierno de coalición conservador en el poder desde hacía menos de un año, y ante la perspectiva de nuevas elecciones legislativas, las octavas en cinco años.
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