La capital italiana está llena de sitios interesantes y no tan visitados como el Panteón o el ColiseoLa capital italiana está llena de sitios interesantes y no tan visitados como el Panteón o el Coliseo

Roma: 5 lugares y experiencias más allá de la Capilla Sixtina y el Coliseo

2026/01/11 14:00

El Jubileo 2025 ha llegado a su fin. Roma lo ha vivido de una forma especial. Las cuatro Puertas Santas de las basílicas papales más importantes –San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros– fueron abiertas por el mismísimo papa Francisco o sus cardenales, pero él no estuvo para cerrarlas. Durante el año se estima que unos 55 millones de personas visitaron, entre peregrinos y turistas, la capital italiana durante los primeros seis meses solamente. Esa cifra es superior al total del año anterior. Los fieles llegaron para renovar su fe. Algunos cumplirán con el peregrinaje de unos 20 km por los siete templos tradicionales.

La Villa Farnesina fue adquirida por Alejandro Farnese en 1577

Muchos otros preferirán hacerlo por los clásicos urbanos: de la Fontana de Trevi al Panteón, de ahí a Piazza Spagna, el Vaticano. Lo que sí es cierto es que para cumplir con el derrotero tradicional es indispensable la planificación. En temporada alta, ya no es posible ver los Caravaggio de la Villa Borghese sin reserva previa. Y no es cuestión de filas más o menos largas: agotados los cupos de ese día, hay una pequeña posibilidad para cancelaciones de último momento, pero lo más recomendable es ir sobre seguro. Con una entrada con horario marcado, tal como imponen las nuevas reglas y tecnologías.En lugar de pelearse o añorar los tiempos pasados, lo mejor es organizarse o adaptar el recorrido a las posibilidades concretas del viaje. Roma es siempre bella, romántica, querible, con esa luz dorada y diáfana que tanto extrañan otras capitales europeas.Estas son cinco propuestas que requieren escasa o nula planificación.

Convento dei Capuccini

Las capillas fúnebres de 4000 frailes

Escalofriantes, sí; catacumbas, no. Aunque mucha gente las llama así, las seis capillas alineadas una tras otra bajo la iglesia de Santa Maria della Concezione dei Cappuccini son, en rigor, un osario del siglo XVII decorado con los fémures, los cráneos y las pelvis de unos cuatro mil frailes de esa orden. Las catacumbas, en cambio, son cementerios subterráneos de época paleo-cristiana, excavados en la roca. Aquí los huesos fueron trasladados en 1631 por encargo de Urbano VIII, cuyo hermano, el cardenal Antonio Marcello Barberini, era capuchino.

Los huesos de unos 3500 frailes capuchinos se exhiben en las criptas del convento jutno a la iglesia Santa Mara della Concezione

Dispuestos de forma ornamental (hay candelabros, guirnaldas, y otro tipo de “esculturas” bastante impresionantes), la filosofía subyacente se comprende mejor al leer el lema “Lo que tú eres, nosotros fuimos; lo que nosotros somos, tú serás”. En efecto, el memento mori (recuerda que morirás) es la idea central en la espiritualidad medieval y franciscana, que influyó en los capuchinos: la contemplación de la muerte como camino hacia la humildad, la penitencia y la esperanza en la resurrección.

El

San Francisco decía “mi hermana, la muerte corporal” y los capuchinos tradujeron ese ideal en una predicación visual: mostrar los restos de sus hermanos, no como horror, sino como una catequesis sobre la fugacidad de la vida y la eternidad del alma. El museo que acompaña las capillas abrió en 2012. Allí se exhibe también el cuadro “San Francisco en meditación” de Caravaggio. museoecriptacappuccini.it

San Clemente al Laterano

Una lasagna arqueológica

En el barrio de Monti, a pasos del Coliseo, esta basílica menor es un compendio de historia romana. Los guías la llaman “lasagna arqueológica” porque ofrece la suma de varias capas, cada una de un momento diferente, con su propia planta y funciones.

El mosaico de

La iglesia actual, que data del siglo XII, conserva el schola cantorum e importantes mosaicos, entre ellos el ‘Triunfo de la Cruz’ (siglo XII) en la cuenca del ábside, además de un suelo revestido en mármol policromo que es un ejemplo del taller de Cosmati. Su finísimo trabajo geométrico en varias iglesias originó el adjetivo “cosmatesco” que aplica para este notable pavimento. En el nivel intermedio se encuentra la iglesia paleocristiana del siglo IV, con más frescos significativos, como el que representa la “Leyenda de Sisinno” –fechada entre 1084 y 1100– un testimonio de la primera lengua vulgar italiana.

En el primer subsuelo de San Clemente al Laterano está la iglesia paleocristiana del siglo IV.

“Fili de le pute, traite”… El uso de estos términos, en lugar del latín eclesiástico tradicional, lo vuelven un registro valioso para filólogos, más allá de su valor artístico.Pero todavía hay más. Quienes resistan la humedad de ese segundo subsuelo encontrarán, más abajo, los restos de una vivienda romana de los siglos I a III, donde hay evidencia del culto pagano que allí se llevaba a cabo. Se destaca el altar dedicado al dios Mitra sacrificando al toro, uno de los mejor conservados de Roma.Los dominicos irlandeses se han hecho cargo de San Clemente desde 1667, cuando Inglaterra prohibió la iglesia católica y expulsó a todo el clero y el papa Urbano VIII les dio refugio. Ya en el siglo XIX, el padre Joseph Mullooly O.P., prior del convento, dirigió las primeras excavaciones y descubrió los tesoros ocultos durante siglos bajo el templo.

Santa Maria Maggiore

La tumba del Papa Francisco

En el año del Jubileo, esta iglesia –que es una de las Siete de la Peregrinación a Roma– adquiere una significación especial. Su Puerta Santa, abierta sólo durante los años jubilares, representa el paso a la gracia divina.Aquí celebró su primera misa San Ignacio de Loyola el día de Navidad de 1538. Es el templo que el Papa Francisco eligió para su descanso eterno y su sepulcro, como era de preverse, es ascético y despojado. Apenas una lápida en el suelo con el nombre de Franciscus, y unas pocas flores arrojadas por quienes hacen la fila para conocerla (con expresa prohibición de tomarse selfies). A diferencia de Pío IX que está bajo el altar mayor –muy cerca del Cunabulum que guarda los restos de la cuna de Jesús– y con una importante escultura en mármol que lo representa, Francisco escogió una capilla lateral.

Santa Maria Maggiore: desde que Francisco está sepultado allí se forman largas filas para ingresar

“Deseo que mi último viaje terrenal termine precisamente en este antiguo santuario mariano, donde siempre me detengo a rezar al inicio y al final de cada viaje apostólico, confiando mis intenciones a la Madre Inmaculada y dando gracias por su dulce y maternal cuidado”, dijo en su testamento. Pío IX y él no son los únicos pontífices sepultados aquí; también Pío V, Sixto V, Clemente VIII y Pablo V lo eligieron. De acuerdo con la tradición, el papa Liberio (36º pontífice romano) mandó construir la iglesia en el sitio donde se produjo una inusual nevada en pleno verano, luego de que la Virgen se le hubiera aparecido a un matrimonio patricio.Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), autor de la célebre columnata de la Plaza de San Pedro también cuenta con un modesto sepulcro.

La modestísima tumba del Papa Francisco en Santa Maria Maggiore

A las filas que forman los devotos, se suma otra curiosidad que parecería confirmar la máxima de la ubicuidad de Dios. Los confesionarios son numerados y anuncian con letras de bronce la posibilidad de expresar penitencia en distintos idiomas: además de curas que hablan italiano, español o inglés, hay algunos que prometen comulgar en polaco y alemán.

Villa Farnesina

Los frescos de Rafael

Se trata de una de las primeras villas suburbanas del Renacimiento. El cardenal Alejandro Farnese –que luego sería el papa Pablo III– adquirió en 1577 esta propiedad del Trastevere, tras la muerte del primer propietario, el banquero papal Agostino Chigi. Intentó conectarla con el Palazzo Farnese, del otro lado del río, mediante un pasaje cubierto o un puente elevado, pero el proyecto quedó trunco. Chigi le encargó esta residencia a Baldassare Peruzzi, quien la construyó entre 1505 y 1511 y contrató a Rafael para pintar frescos fundamentales como “El Triunfo de Galatea” y la “Loggia de Psiche”.

Giovanni Antonio Bazzi (llamado Il Sodoma) es el autor de “Las Bodas de Alejandro Magno y Roxana” que decoran el dormitorio principal. El mismo Peruzzi creó la Sala de las Perspectivas, en la que plasmó falsas columnas que ampliaban la vista de la habitación haciendo que el paisaje de la Roma de la época ingresara como parte de un pionero “trompe l’oeil”, o una moderna técnica de inmersión visual en la que los mármoles reales se confunden –a propósito– con los fintos.

La villa Farnesina permaneció en la familia Farnese durante casi dos siglos y pasó luego a la casa de Borbón y el Reino de las dos Sicilias. Tras la unificación de Italia fue alquilada a la Embajada de España. Salvador Bermúdez de Castro y Díez (1817-1883), I marqués de Lema, residió varios años en ella y la restauró. En 1928, el estado italiano la adquirió para la Real Academia de Italia.

El fresco la Loggia de Psiche de Rafel decora el ingreso a la Villa Farnesina

Después de la supresión de esta institución, en 1944, la villa pasó a ser parte de la Academia Lincei, que es la propietaria actual. A lo largo de la galería de laureles, una frase está grabada en el mármol, casi como una despedida: “Para vosotros que venís aquí, lo que os parece feo es bello para mí: si os gusta, quedaos; si no, marchaos; de cualquier modo, gracias.”

La vera pasta italiana

Amasar como lo hacen los romanos

Hace tiempo que en LUGARES descubrimos las “Experiencias” de Airbnb, propuestas de visitas o actividades comandadas por locales, y sin la masividad de los tours de grandes agencias. Pasear con un arquitecto por el Marais en París, que una bailaora de flamenco muestre su tablao… o que, como en esta ocasión, dos cocineros italianos enseñen a hacer pasta.

Las experiencias Airbnb con el sello de Originals son garantía de propuestas auténticas, llevadas a cabo por guías o profesionales locales, más allá de los tradicionales tours

Para filtrar mejor entre este tipo de tours y otros más convencionales, Airbnb creó el sello “original”, que es garantía de que eso que uno va a vivir, no puede encontrarlo fácilmente en otro lado.La cita fue en pleno Ghetto Judío, en la Piazza Mattei y su bellísima Fontana delle Tartarughe. Allí, Giacomo y Alessandro tienen un emprendimiento encantador dedicado a revelar cómo preparar lo mejor que el suelo italiano tiene para dar: pizza, pasta, tiramisú y helado.

Aprender a amasar pasta y hacer tiramisù con cocineros romanos, una experiencia Airbnb muy original y entretenida

Es como un estudio de TV, luminoso e impecable, con las copas listas para tomar un buen vino mientras ellos explican los secretos del amasado, del pesto, del buen gelato. Su público proviene casi todo de Estados Unidos, por lo que, al menos en este caso, es necesario hablar inglés, pero en la plataforma hay anfitriones que hablan varios idiomas, y en Roma ofrecen, por ejemplo, explorar los escenarios donde se filmaron las películas de Fellini o de De Sica, o bajar a las catacumbas con un arqueólogo.

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