Enzo Fernández discute con Achraf Hakimi y Marquinhos en uno de los cruces calientes en la noche de París (AP Photo/Michel Euler)Enzo Fernández discute con Achraf Hakimi y Marquinhos en uno de los cruces calientes en la noche de París (AP Photo/Michel Euler)

El gran partido de Enzo Fernández lo arruinó el arquero Jörgensen en la goleada de Paris Saint-Germain a Chelsea

2026/03/12 07:42
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Quizás esta jornada de ida por los octavos de final de la Champions League quede marcada por las innovaciones fallidas de un par de directores técnicos en los cambios de arquero. El martes quedó retratado el debutante en la competencia Antonin Kinsky, que regaló dos goles y fue reemplazado a los 17 minutos del primer tiempo en el 5-2 de Atlético de Madrid a Tottenham. Con un poco más de experiencia, Filip Jörgensen salió señalado en la dura derrota por 5-2 de Chelsea ante Paris Saint-Germain, en el Parque de los Príncipes.

El arquero dinamarqués fue el responsable del quiebre de un encuentro que era equilibrado, con el resultado abierto, y que en los 20 minutos finales dio un vuelco con los tres goles del equipo de Luis Enrique. El 3-2 lo propició un error de Jörgensen (23 años), que tenía dos partidos en la Champions, pero fue suplente de Robert Sánchez en casi toda la temporada. Según algunos medios ingleses, el entrenador Liam Rosenior se inclinó por esta modificación porque no estaba conforme con el juego de pies de Sánchez. El de Jörgensen fue mucho peor: un pase por abajo fue interceptado por Barcola, que cedió a Kvaratskhelia -su entrada a los 17 minutos del segundo tiempo fue determinante- y la pelota le llegó al exquisito Vitinha para la definición.

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Iban 28 minutos de la segunda etapa y la falla de Jörgensen hundió anímicamente a Chelsea, que pasó a perder peligrosamente las marcas y dejó espacios administrados por la inteligencia de Vitinha y la voracidad del georgiano Kvaratskhelia, autor del cuarto y quinto gol, para desatar una fiesta en las tribunas.

Pudo haber algún gol más de PSG por otra mala decisión de Jörgensen en una salida, pero el guardavalla se salvó porque la definición de Kang-In Lee no fue convalidada por un off-side. La acción pareció colmar la paciencia de Enzo Fernández -es el segundo capitán, detrás de Reece James-, que con gestos y palabras le recriminó que no arriesgara dando pases cortos a compañeros que eran presionados por el rival.

El malestar de Enzo tenía sus motivos. Estaba siendo el mejor de su equipo; había dado la asistencia a Malo Gusto para el 1-1 y, con su habitual sentido de la oportunidad, había aparecido en el área para empalmar de derecha un centro de Pedro Neto y establecer el 2-2. Tercer gol en 9 presencias en esta Champions de quien figura en la carpeta de PSG para el próximo mercado de pases.

Ubicado como volante ofensivo, con punto de partida sobre la izquierda y libertad para explorar distintos sectores, Enzo se había encargado, con sus desmarques y pases, de desahogar la presión inicial a la que se vio sometido Chelsea. Paris Saint-Germain se puso en ventaja a los 9 minutos, con un zurdazo de Bradley Barcola. La invitación a un gran partido estaba hecha y no defraudarían.

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Hay parámetros para medir la evolución de un jugador. Enzo Fernández se metió en el Mundial de Qatar con solo dos meses de anticipación; Lionel Scaloni lo hizo debutar en un amistoso en septiembre y en diciembre recibía en el estadio Lusail el premio al Mejor Futbolista Joven. Al Mundial de los Estados Unidos, México y Canadá llegará como el mediocampista de mejor actualidad de la selección argentina, en un rango que también lo ubica entre los volantes más influyentes del mundo. Ninguna exigencia ni ambiente lo sobrepasan. Se pone a la altura por personalidad, conducción de la pelota y remate. Se cuidó de no recibir una amonestación, que lo hubiera dejado al margen de la revancha del próximo martes en Stamford Bridge por acumulación de tarjetas amarillas. Mucho lo necesitará Chelsea para una remontada que pinta muy compleja.

Si al servicio de dos equipos con espíritu ofensivo hay un abanico de individualidades de primer nivel internacional, imposible que el partido no derive en un espectáculo atrapante, repleto de matices y alternativas. Un Paris Saint Germain-Chelsea es una de las propuestas futbolísticas más cautivantes que puede ofrecer el calendario global. Hace ocho meses protagonizaron la final del Mundial de Clubes, cuando Chelsea tuvo un primer tiempo de ensueño (3-0) y dejó al campeón de la Champions League sumido en una impotencia infrecuente.

Como corresponde en dos equipos con proyectos asentados, interpretados por jugadores que tienen una continuidad justificada en rendimientos acordes con el primer nivel, gran parte de los protagonistas de la definición en Nueva Jersey volvieron a verse las caras en el Parque de los Príncipes. El único cambio abrupto fue el despido de Enzo Maresca, que mantenía diferencias con una dirección deportiva de Chelsea demasiado invasiva en su parcela de trabajo, y la llegada de Rosenior, que estaba en Racing de Estrasburgo, club satélite de BlueCo, compañía estadounidense propietaria de ambos clubes.

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Chelsea acusó la desconexión de João Pedro, el brasileño que había marcado un gol en la final del Mundial de Clubes y suele ser el mejor definidor del equipo. Anduvo mayormente extraviado. Sonó tardío el ingreso a los 42 minutos del segundo tiempo de Alejandro Garnacho, que venía de una estupenda producción por la FA Cup.

Paris Saint-Germain tampoco se sintió seguro con el arquero ruso Safonov, pero en su funcionamiento más aceitado aparecieron para hacer la diferencia Vitinha, Dembélé (autor de un golazo) y la explosiva entrada de Kvaratskhelia.

Rosenior debió dar explicaciones por Jörgensen: “Los jugadores cometen errores. Filip no es el primero en cometer uno, eso es parte del fútbol. Todos nos equivocamos; a veces el costo es mayor, y este es uno de esos momentos. Los últimos 20 minutos fueron una locura, la culpa es mía. Los errores ocurren, hay que mantener la calma, yo incluido, pero no lo hicimos y nos castigaron”. Palabras que grafican lo lejos que le quedaron a Chelsea los cuartos de final.

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