Tony LevinTony Levin

Tony Levin: toca con Peter Gabriel desde hace 50 años, integró King Crimson y tiene un público fiel en el país

2026/03/12 06:52
Lectura de 9 min
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Anthony Frederick “Tony” Levin es un músico norteamericano de Boston, donde nació hace 79 años. Es compositor, armador de grupos, director de proyectos, pero con lo que se ha convertido en una leyenda es con el contrabajo, el Champan Stick y el bajo eléctrico.

Su currículum es apabullante: fue miembro del grupo King Crimson, tocó (y sigue tocando) con Peter Gabriel, integró formaciones como Liquid Tension Experiment, Bruford Levin Upper Extremities o HoBoLeMa. Como músico de sesión o invitado, su recorrido es también increíble, y en una lista abreviada de los artistas con los que trabajó pueden mencionarse a John Lennon, Sarah McLachlan, Paula Cole, Pink Floyd, Paul Simon, Lou Reed, David Bowie, Tom Waits, Buddy Rich, Laurie Anderson, Chuck Mangione, Gary Burton, james Taylor, Carly Simon, Peter Frampton o Richie Sambora. Hace jazz con una formación que bautizó Levin Brothers. Se sumó en 2024 a Beat, el súper grupo que integran además otro ex King Crimson, Adrian Belew, el guitarrista Steve Vai y el baterista Danny Carey. Y, además, hace ya más de 20 años que está al frente de su proyecto Stick Men.

Está claro que Levin ha sido, y sigue siendo, un protagonista fundamental del movimiento rock en sus diferentes variantes desde hace muchas décadas, pero es en eso que alguna vez se llamó “rock progresivo” o “rock sinfónico” donde ha encontrado su lenguaje más personal.

Estuvo varias veces en nuestro país, tanto como parte de King Crimson como con sus propias formaciones. Y ahora, nuevamente, vendrá para actuar en La Trastienda el próximo 11 de marzo con el trío Stick Men, que actualmente se completa con Markus Reuter (un guitarrista y compositor alemán discípulo de Robert Fripp) y Pat Mastelotto (un baterista de California que también tiene mucho que ver con la historia de King Crimson).

–Ha estado ya varias veces en nuestro país. ¿Qué recuerdos conserva de esas visitas?

–Si, estuvimos algunas veces en Buenos Aires y amo el público de tu país. La primera vez con mi grupo, fue en 2010, cuando tocamos dos noches en el teatro ND Ateneo. Pero en 1994 participé de varios shows con King Crimson. Y, por cierto, siempre sentí la pasión del público de allí por la música progresiva. Con Stick Men volvimos a tocar en 2012, en 2015, en 2018 y en 2022. Y las últimas veces que estuve por ahí, tuve el gusto además de dar unas charlas y una clínica en una escuela llamada Tamaba. Así que mi relación con Argentina, y particularmente con Buenos Aires, ha sido siempre cercana y excelente.

–¿Qué significa para la historia de la música y para usted mismo un grupo como King Crimson?

–No puedo hablar de lo que el grupo significa para el panorama musical en general, pero para mí fue y es una fuerza musical que me guio y me guía. Es un reto maravilloso tocar con músicos tan únicos, y todos, tanto individualmente como parte de la banda, siempre nos esforzarnos por ser diferentes, por no repetir lo que habíamos hecho antes. Así que esa experiencia influyó mucho en mi forma de abordar la música en otros grupos, especialmente en Stick Men.

–Su nombre también está asociado, por supuesto, con el gran Peter Gabriel. Y su biografía incluye otras figuras y nombres increíbles como John Lennon, Pink Floyd, Yes, Paul Simon. ¿Qué lecciones ha aprendido de todas estas relaciones artísticas y personales?

–Cada artista o cada músico es diferente, por supuesto. Es difícil resumir todo lo que cada uno de ellos ha aportado a mi música. Con Peter (¡con quien empecé a tocar en 1976, y sigo haciéndolo!), algo que destacaría es su mentalidad innovadora en cuanto a la música. Así que he intentado imitar algo de esa actitud. Con Paul Simon, te hablaría de su sentido melódico que es maravilloso; también lo son las letras, aunque por supuesto no puedo copiarlo en ese aspecto. Algunas de las partes de bajo que hice en sus álbumes fueron producto de nuestro trabajo conjunto en la línea de bajo, él cantándola, yo tocándola. Respecto de Yes, te hablaría de la forma icónica de tocar de Chris Squire que nos influyó a todos los bajistas hace mucho tiempo. Cuando tuve la oportunidad de trabajar con ellos, no intenté seguir su estilo, pero supongo que mi forma de tocar tenía algo en común con la suya. Con Pink Floyd, y también con John Lennon y David Bowie, aunque conocía el enfoque del bajo antes de estar en el estudio con ellos, no intenté hacer lo mismo, simplemente intenté tocar como yo mismo. En fin. Cada experiencia es única y especial y siempre uno aprende y toma cosas de semejantes artistas.

–Usted mismo es una figura icónica de la música. ¿Siente ese peso y esa responsabilidad? ¿Es posible seguir disfrutando de la música incluso con la carga de ser un capítulo importante del rock?

–Honestamente, no quiero parecer humilde pero no pienso en eso en absoluto. Tengo mucha suerte de ser músico, y cuando escucho música nueva para tocar, intento convertirme en fan y luego crear una parte de bajo y un sonido que ayuden a que esa pieza sea tan especial como se merece. Todo se trata de la música, simplemente tengo la suerte de estar ahí.

–Como se lleva con esas antiguas denominaciones de “rock progresivo” o “rock sinfónico”? ¿Le parece que sigue siendo útil para explicar el tipo de música que usted hace?

–Estoy de acuerdo contigo con los términos que pueden seguir siendo útiles. Pero la verdad, cuando estás en el grupo, no pensás en géneros ni en tus influencias. Simplemente intentás ser creativo con tu nuevo material y con tu forma de tocar. Es cierto que nuestra banda usa compases complejos y armonías no tradicionales que se asocian con el rock progresivo, y que fueron exploradas en sus inicios por Genesis, Crimson y Yes. Sin embargo, también experimentamos constantemente con variaciones de nuestras formas de hacer las cosas. La esperanza es crecer como conjunto musical, no seguir haciendo lo mismo.

–Desde su nacimiento, ese amplio género conocido como “rock” se ha diversificado en innumerables subgéneros. ¿Cómo ve el estado actual de esta música y cómo sitúa a su grupo en ese contexto?

–Me llevás a pensar en cosas que en general no están en mi cabeza y, realmente, no soy un experto en el estado actual de la música, ni siquiera en cuanto al lugar que lo nuestro ocupa en ella. Como muchos de mis compañeros músicos, me sumerjo en la música que hago y solo tengo una vaga idea de hacia dónde se dirigen las tendencias.

–Hoy en día, es mucho más fácil grabar música gracias a la abundancia de recursos técnicos y estudios de todo tipo. Al mismo tiempo, los medios físicos para distribuir música prácticamente han desaparecido. ¿Cómo ha cambiado todo esto su forma de trabajar como músicos?

–Stick Men lleva un tiempo experimentando con la grabación remota, intercambiando archivos de modo digital y a distancia, en parte porque Markus vive muy lejos de mí, en Berlín. Intercambiar los archivos es fácil, por supuesto, pero componer música nueva con la influencia de todos los músicos como si estuviéramos juntos en el estudio no es tan sencillo. Así que, a lo largo de los años, hemos probado diferentes métodos para superar esta situación. Me siento satisfecho con los resultados de los últimos dos años y con que nuestras nuevas composiciones son innovadoras y reflejan el talento musical de los tres. Es cierto que esto hubiera sido imposible en el pasado y es lo que puedo decirte de nuestra propia experiencia.

–¿Qué importancia les da a las presentaciones en vivo? ¿Son diferentes a las del siglo XX, siempre hablando en relación con este mundo mucho más virtual en el que vivimos?

–Me encanta tocar en vivo, incluso más que grabar discos. Sin duda, se ha vuelto más difícil, y parece que será aún más difícil en los próximos años para una banda con un público modesto poder salir de gira sin perder dinero, a diferencia de Beat, claro, con quienes tocamos el año pasado en el Movistar Arena de Buenos Aires. Somos conscientes de los problemas y seguimos probando ideas que nos permitan seguir haciendo lo que nos apasiona. En eso nos enfocamos.

–¿Cómo explicaría qué es un Champan Stick a alguien que no lo conoce? ¿Y cómo se convirtió en parte de tu vida?

–Es un instrumento que se toca con una técnica de “toque” o “martillo”, es decir, se toca una nota con un solo dedo, sin pulsar la cuerda, sino tocando el traste. Por lo tanto, podés hacer muchas notas a la vez. Y el Stick tiene un lado de bajo (6 cuerdas) y un lado de guitarra, con salida estéreo. Así, podés ser bajista y guitarrista a la vez. En cuanto a esto, una de las particularidades de Stick Men es que Markus y yo nos turnamos en la interpretación, y a veces lo hacemos todo los dos. Compré el instrumento en 1976, poco después de que Emmet Chapman lo inventara. Me resultó muy útil en King Crimson, ya que me ayudó a salir de la parte de bajo habitual que podría haber hecho con el bajo normal. Y lo adopté para siempre.

–¿Qué sabe de la música sudamericana y de la música argentina en particular?

–Me gusta la música de Piazzolla, por supuesto, y cuando nuestra banda de jazz, Levin Brothers, estuvo en Argentina, hicimos una versión jazz de una de sus piezas, incluso en Mar del Plata, su ciudad natal. Tuve la suerte de conocer a Luis Spinetta en la primera visita de Crimson a Buenos Aires y también me gusta mucho su música.

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