En Rosario ya no quedan dudas: es la era del Central de Ángel Di María. Todavía sin la recuperación plena de la molestia que siente en una pierna, en el duelo de este sábado contra Banfield el número 11 esperó su momento en el banco, por si el trámite ameritaba su aparición, su capa. Y como si todo estuviera guionado, como en tantas jornadas de su vida, ocurrió: todo lo que al cuadro canalla le costaba fue resuelto por su figura. Le bastaron 30 minutos de acción y dos centros para revertir el resultado en el Gigante, propiciar el triunfo por 2-1 y ser puntero de la zona B del Torneo Apertura.
En 0-0 del miércoles ante Argentinos en La Paternal, ya se había visto que la ausencia de Di María alteraba a Rosario Central. Se acentuaron su importancia y las dudas sobre la forma idónea de suplirlo, porque el cambio de esquema no resultó aquel día y dejó sensaciones negativas. Inmerso en un conjunto de mucha menor jerarquía que los que habitó durante su estadía en Europa, cuando el crack falta, se nota. Por eso, para volver a jugar en Arroyito Jorge Almirón dio marcha atrás y volvió al 4-2-3-1, incluso cuando Fideo, esta vez, esperó en el banco durante la primera hora de juego.
Luego de tres encuentros, casi un mes, lejos de su gente (entre ellos, el clásico ganado en Parque Independencia), Central se debía la fiesta de su paternidad en la ciudad. Tardó en desatarla frente a Banfield porque corrió de atrás cuando no lo esperaba y la pelota parecía no querer ingresar. Pero la tuvo con el sabor de dar vuelta un encuentro por momentos incómodo, y con la magia de su ídolo.
Porque, si bien en el primer tiempo el local se hizo dueño de las acciones, Pedro Troglio mutó el dibujo táctico para este partido y limitó el peligro: con la novedad de cinco volantes, el Taladro esperó y achicó espacios. Sufrió solamente por un desborde de Jaminton Campaz y un centro bajo que cruzó el área en el amanecer del encuentro, y por un remate violento de media distancia de Franco Ibarra.
Almirón analizó como dañar detrás de las espaldas de los laterales del Taladro, Santiago López García e Ignacio Abraham, una de las grandes falencias de un conjunto bajo de confianza. Y le sacó jugo a esa falencia para empezar a acercarse el gol. Sin embargo, la red que se inflaría sería sorpresivamente la del arco de Jeremías Ledesma.
A los 35, el propio Abraham escaló por la izquierda, armó una pared con Tomás Adoryan y lanzó un centro exacto para una definición ¡con el pecho! de Mauro Méndez. Un golazo que se confirmó con un trazado de líneas –desprolijo como casi siempre– desde el VAR, que dejó dudas.
Rosario Central se apagó. Sintió el golpe. También, murmullos, ya que hasta entonces eso era la tercera derrota en casa en cinco partidos. Sin embargo, se renovó al salir al segundo tiempo e hizo que el visitante empezara a sentir el asedio. A los 14 minutos el local ya había tenido tres oportunidades claras: un zurdazo de Julián Fernández al lado de un palo y dos cabezazos de Alejo Véliz, uno de ellos, demandante de una gran atajada de Facundo Sanguinetti.
A los 15 se terminó el partido: ingresó Ángel. Enseguida vio cómo el 9 practicó una volea de zurda que besó otro poste. Cuatro minutos después, su zurda profundizó aquel estudio al rival: lanzó un centro frontal que intentó superar a López García, pero éste cabeceó hacia su arco: gol en contra. La jerarquía del 11, su sola presencia, atemorizan. Entonces, ya se olfateaba el triunfo.
Aunque el conjunto canalla hizo cierta pausa en la que Banfield encontró espacios que no se animó a exprimir con decisión, todo era cuestión de tiempo. A falta de ocho minutos para el final, el campeón del mundo se perfiló para su zurda en la zona de tres cuartos de cancha, orientado en la derecha –como más cómodo se siente–, y un nuevo envío al área encontró a Campaz detrás de López García, otra vez: cabezazo cruzado, estallido y triunfo.
“Me costó un poco en lo físico porque todavía tengo la molestia, pero necesitaba entrar: quería ganar el partido”, declaró el Di María, sonriente. Vaya si lo hizo: puso a Rosario Central en lo alto de su tabla, junto a Belgrano, con 18 puntos en 10 compromisos, uno más que los afrontados por el Pirata. La tarea de jugar bien sin el crack sigue siendo una deuda para el equipo, pero si con molestias el zurdo juega así, qué se puede esperar para cuándo esté del todo bien...

