El tiempo es uno de uno de los aspectos más importantes de las inversiones, pues potencia el poder del interés compuesto. Pero como hablamos en la primera parte, hay muchas razones válidas por las cuales la mayoría de la gente no empieza a invertir de forma temprana.
Eso no significa que sea demasiado tarde. El tiempo, aunque importante, no es la única variable. En la fórmula del interés compuesto, la otra que importa es el rendimiento. Además de que hay muchos otros factores que influyen, como el manejo de las emociones y el riesgo, la constancia y disciplina, etc.
Así, la gente que empieza temprano, pero invierte mal, tampoco tendrá buenos resultados.
Hablando del tiempo, mucha gente tiene una concepción errónea de él. Muchos preguntan si hoy es “buen momento” para invertir en acciones u otros activos. La realidad es que uno no sabe lo que va a pasar incluso mañana, por no decir el próximo mes o año. Lo que hoy puede parecer “buen momento” mañana podría convertirse en uno “malo” si se anuncia el inicio de una guerra.
El momento importa en el sentido de que es mejor comprar una acción cuando está barata e infravalorada por el mercado y venderla cuando su precio sea elevado. Después de todo así se logran las ganancias.
Lo curioso es que la mayoría de la gente hace exactamente lo contrario. Se interesa en cosas que ya subieron mucho. Por ejemplo, hoy en día hay renovado interés en adquirir metales como el oro y la plata precisamente porque han tenido un rally importante y se encuentran en máximos históricos. No porque están baratos o en descuento. Así funciona la psicología humana.
Por eso, más que si es un “buen momento”, lo que importa es el tiempo que uno se mantiene invertido.
Porque incluso si uno invierte en el peor momento posible, si es una buena inversión hay una gran probabilidad de que su valor se incremente considerablemente en el largo plazo.
La clave es que sea una buena inversión. Puede ser una empresa financieramente sólida, líder en su mercado y con amplio potencial de crecimiento.
Pero la mayoría de la gente estará más segura si invierte de manera diversificada, en un grupo de estas empresas. Ahí es donde entran las inversiones indexadas, a través de ETFs de bajo costo.
Se ha puesto de moda el índice S&P500 que contiene a las 500 empresas norteamericanas más grandes y que ha producido un muy buen rendimiento históricamente. Pero no incluye muchas otras compañías menos grandes, ni de otras regiones: Europa, Asia o Mercados Emergentes.
Esa es una de las razones por las cuales, personalmente, prefiero enfocarme en un índice que sí incluya todo eso, más amplio y más global. Porque uno no sabe realmente lo que va a pasar en el futuro (rendimientos pasados no garantizan nada).
Hay personas que preferirán seleccionar su propia colección (elegir ciertas empresas en particular, o ciertos índices y conformar un portafolio específico para ellos). Todo eso está bien si uno sabe lo que hace.
En cualquier caso, el “momento” importa poco porque el mercado no crece en línea recta: hay ciclos de alzas y bajas, algunos de los cuales pueden tomar muchos años. Pero si la economía global sigue creciendo, la tendencia de largo plazo tenderá a ser positiva en términos reales, independientemente del momento en el que se inició la inversión.
Así, lo que realmente importa es el tiempo que uno permanece invertido (su horizonte de inversión) y añadir de manera consistente (cada vez que uno recibe un ingreso).
Antes mencioné que los dos componentes principales del interés compuesto son tiempo y rendimiento. Para ilustrarlo, podemos usar la famosa “Regla del 72”, que es una estimación rápida de cuántos años se requieren para duplicar el dinero invertido, dado un rendimiento.
A mí me gusta usar un rendimiento real (arriba de la inflación) porque permite visualizar mejor el crecimiento del poder adquisitivo de nuestro dinero.
La historia nos dice que un índice global diversificado ha tenido un rendimiento real entre 5 y 6 puntos porcentuales arriba de la inflación. Aunque - repito - nunca hay garantías, ese sería nuestro rendimiento esperado.
La regla del 72 es simple: se divide 72 entre el rendimiento esperado. Tomemos 6%. 72 entre 6 = 12.
Eso significa, por ejemplo, que si hoy invertimos 100,000 pesos a una tasa REAL del 6% anual, el poder adquisitivo de ese dinero se duplicará en 12 años.
Quizá te parezca mucho tiempo. Pero si estás en tus 30’s o incluso 40’s, todavía te faltan décadas para tu retiro. No lo pospongas más. Empieza hoy y añade cada quincena o mes a tu inversión, con constancia, consistencia y disciplina.

